Bienvenido a mayoresdesevilla

Martes, 26 de Marzo

organizado
financiado
post-img

Experiencia vivida

Sentimientos

Sentimientos

Quería compartir mi vivencia que hice este año en mayo cuando la Hermandad de la Virgen del Rocío de Palomares del Río, antes de iniciar su camino hacia su ermita, visita nuestra Residencia para Mayores Ignacio Gómez Millán, La Miniera.

El personal del centro nos coloca a los residentes en el lugar indicado para ver la entrada del paso de la Virgen, por donde únicamente puede entrar. Llegó el momento, apareció en la puerta de entrada un grupo de hermanos, con su presidente y esposa a la cabeza, cantos, bailes y otros enseres para el camino. El presidente y esposa se hicieron varias fotos con  nosotros y el personal del centro.

Susurros y algún que otro grito: ¡Viva la Virgen del Rocío! Momento crucial, aparece el paso: delirio, tremendas carcajadas y vocerío. Cuando miraba el paso me doy cuenta de que una trabajadora que empujaba mi carro donde me encontraba sentado, la vi ante el paso de la Virgen alzando una medalla en su mano derecha, decía en altavoz: “Hoy hace años que la propietaria de esta medalla, mi madre, falleció, te pido por ella. La medalla de mi madre, tu medalla, la conservaré y pasará a mis hijos y descendientes”. Todo su decir era de una gran emoción, que me hicieron dirigirme hacia ella, con el único fin de consolarla, aunque no había forma, yo también me emocioné.

El presidente de la Hermandad y su esposa trataban de acariciarnos, pero con los llantos de la trabajadora, me pregunté: “¿esto qué es?, ¿amor a la Virgen? o ¿Fe a una medalla?”. Este conjunto se resuelve: un presente y una vivencia. Presente de ella, para mí una vivencia, única que jamás podría creer que me sucediera a mis 89 años.

Al salir el paso de la Virgen a la vía pública, ella pretendía seguirlo, repitiendo en su caminar, “éste es mi camino”. Al llegar el paso a la puerta principal de nuestra residencia, le dije que nuestro camino había terminado. Me dijo: “Qué corto es el camino”. La acompañé ante la Virgen del Rocío de nuestro centro,  mi frase para ella fue: “se hace camino al andar, nosotros hemos venido andando”. Aquella foto, con la trabajadora, su medalla y yo en mi carro, desde aquel día preside la mesa de mi habitación.

Emociones y más emociones, cuando creía que no andaría más, me levantaron y volvimos a caminar. ¿Milagro, Fe o tal vez un creer? Lo más cierto es que caminé y actualmente continúo caminando, gracias a la ayuda del personal de mi residencia. ¡Gracias a la fisio has hecho conmigo mi verdadero caminar! ¡Gracias!

Algo pasa. ¿Suena en mi guitarra buena lo mismito que el lamento de una pena?

Josele