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Martes, 20 de Noviembre

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Toda una vida dibujando

La historia de mis retratos

El dibujo es algo que siempre me ha atraído, algo natural, algo innato, sin ningún tipo de influencia externa.

De pequeño, los tebeos me servían de muestra. Me encantaba pintar los personajes que aparecían en sus viñetas. Aunque fueran simples muñecos, yo los copiaba a mayor tamaño y los coloreaba.

Fortuitamente, en el colegio, uno de esos dibujos lo puse sobre el pupitre y mi profesor Don José lo vio. Entonces me preguntó si me gustaría dibujar una fotografía en vez de recrear las viñetas de aquellos tebeos. Me ilusionó la idea de hacerlo y le contesté afirmativamente. Aquel profesor me explicó en líneas generales lo siguiente: “a la fotografía debes trazarle líneas que definan y sitúen los rasgos de la persona y los detalles principales de la fotografía”. Las líneas, por lo tanto, se sitúan sobre y rozando los ojos y al final de la nariz. De este modo, tenemos los detalles físicos más importantes de la persona, localizados dentro de la cara de la misma. Así pues, el rostro también se delimita con una línea horizontal en la barbilla, en la frente y en los pómulos laterales. Una vez realizados estos detalles, la fotografía presenta un estado de “prisión”.

Con estos datos se procede a dibujar los ojos, que son el punto de referencia de la cara. Para comprobar que los he dibujado correctamente, me aseguro que las dimensiones, las sombras y “la dirección de la vista” sean adecuadas. Para ello, realizo movimientos rotatorios del retrato y compruebo que los ojos me miran constantemente. Si es así ¡los ojos están bien dibujados!

Posteriormente, se dibuja el pelo, al que le damos sombra, junto con la cabeza y cualquier elemento que haya en el rostro. Hay que poner especial cuidado en los pómulos ya que estos no de delinean, sino que se señalan con un juego de sombras. También es muy importante que en el retrato quede reflejado cualquier detalle de la persona, por ejemplo, una peca.

He hecho retratos de la Esperanza Macarena, de Juanita Reina, de la Esperanza de Triana, del Cristo de las Tres Caídas y de alguno de los miembros de los Beatles, entre otros. Por supuesto, también he hecho retratos de los trabajadores del centro de día al que acudo cada mañana: Triana Quality.

Mientras que elaboro los retratos estoy muy atento, fijándome en todos los detalles y concentrado para que el resultado final sea el esperado. Esta actividad me sirve para evadirme y para no pensar en las cosas que ocurren en mi entorno. Me siento muy satisfecho cuando el resultado es magnífico y todo el mundo me felicita.