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Sábado, 19 de Octubre

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Un relato fantástico

¡Rumbo a Filipinas!

Este relato lo escribí para un trabajo del Taller de Terapia Ocupacional. La terapeuta me puso unas palabras y yo tenía que hacer un relato utilizándolas todas:

En agosto nos vamos de vacaciones a Filipinas, dicen que por esta época hace mal tiempo pero nos da igual porque estamos tan ilusionados que, aunque hiciese mal tiempo (parecía otoño), estábamos muy contentos de ir tan lejos. Llegó la hora de hacer las maletas.

Tengo dos hijos, uno de 17 y otro de 14. El pequeño todo lo quería meter en su mochila, y de todo, el ajedrez, la pluma que le regaló mi padre, decía que la tenía que ver su abuelo y que supiera que todavía la tenía.

Bueno, llegó la hora de salir y, cuando estábamos ya en el coche, a mi marido, como de costumbre, le entró ganas de ir al baño. Por fin conseguimos salir, y no habíamos andado ni cinco metros y me acordé de que no había desenchufado el frigorífico. ¡Por fin podíamos salir!

¡Puf! Era un viaje largo, teníamos que llegar primero a casa de mis padres y pasar unos días con ellos. La casa estaba detrás de unos arbustos de mucha antigüedad y mi madre la tenía rodeada toda de flores. Era preciosa. Mis hijos estaban flipando porque nunca la habían visto. Mi padre tenía un huerto de coliflores.

Al día siguiente fuimos todos a ver una actuación de Materia Prima, comimos en un restaurante una crema de calabacines con langostinos y fideos. Después fuimos a una cafetería a tomarnos un café y después al concierto. A mi hijo pequeño se le escapó un botón de los saltos que daba. Le dije que eso una aguja lo solucionaba, que disfrutara.

Los dos o tres días que siguieron, no hacíamos más que mirar el almanaque para irnos y por fin llegó el día, compramos unos cacahuetes y ¡rumbo a Filipinas!