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Jueves, 13 de Diciembre

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Vivir, convivir y compartir. La experiencia de un capellán y residente

La Residencia de Mayores San Rafael de Dos Hermanas cumple 25 años

Leandro Sequeiros sj. Residente y Capellán

No es frecuente que uno de los residentes en un centro de mayores sea también el Capellán. Pero en este caso, sucede. Esto hace que la relación del Capellán con los residentes sea muy especial. Es uno de ellos. Por lo general, el capellán de una residencia de mayores suele ser un párroco o sacerdote que visita periódicamente el centro, que oficia una misa o asiste a algún enfermo.No es frecuente que uno de los residentes en un centro de mayores sea también el Capellán.

Pero en este caso, sucede. Esto hace que la relación del Capellán con los residentes sea muy especial. Es uno de ellos. Por lo general, el capellán de una residencia de mayores suele ser un párroco o sacerdote que visita periódicamente el centro, que oficia una misa o asiste a algún enfermo. Pero en este caso es diferente, aunque supongo que no es el único caso. En esta Residencia de Mayores hay una zona para Sacerdotes mayores. En este momento soy el único habitante de la misma.

¿Y qué es lo que aquí puedo hacer? Suelo resumir mi tarea como vivir, convivir y compartir con los Residentes. Vivo bajo el mismo techo, convivo en las zonas comunes, como el comedor, la sala de televisión, el porche del edificio. Y Comparto con ellos la vida de cada día, las pequeñas cosas que suceden en estos sitios, las alegrías y las penas, las soledades y las risas. Y en especial, comparto con ellos la celebración diaria de la eucaristía.

Y ¿qué decir de esta Residencia?  La noticia es que este año, en otoño, la Residencia de Mayores San Rafael (Juan de Mena 2, 41701 Dos Hermanas) cumple 25 años. Esta Residencia es hoy el fruto de la inquietud social, cristiana y humanitaria, de quienes trabajaron para ponerla en marcha: el jesuita ya fallecido, padre José María Mier-Terán, y las personas que económica y moralmente le ayudaron a realizarlo: su hermano, Cristóbal Mier-Terán Romero y el empresario Javier Benjumea Puigcerver.

 

El padre José María Mier-Terán

El padre jesuita José María Mier-Terán Romero, a quien sus familiares cercanos llamaban “Pepín” fue el impulsor de esta obra social a la que dedicó intensamente los últimos años de su vida. Había nacido en la ciudad de Jerez de la Frontera el 4 de mayo de 1917 (en mayo de 2017 hubiera cumplido 100 años) en la casa número 4 de la calle Chancillería.

La última de las muchas obras sociales que a lo largo de su vida acometió José María fue la Residencia de Mayores de San Rafael en Dos Hermanas. Esta comparte espacio en la Huerta de San Rafael con la casa de Ejercicios San Pablo. Parece que las primeras ideas sobre esta Residencia se forjan en 1989.

En un informe redactado ese año por Mier-Terán sobre el proyecto, justifica la necesidad en el hecho de que en Sevilla existían entonces pocas Residencia para personas con escasos recursos. “La residencia sólo recibiría a personas mayores, pobres sin distinción de sexo, estado, raza o creencias”.

 

El proyecto de Residencia y su realización

Aceptada este proyecto se elige en 1990 el diseño del arquitecto don Álvaro Gómez de Terreros. Fue determinante para la realización del proyecto que la comunidad jesuita del Sagrado Corazón de Jesús de Sevilla, pusiese a disposición del mismo parte de un solar en el término de Dos Hermanas había recibido de la familia del P. Joaquín Sangrán, SJ.

Otra cuestión que debían plantearse los iniciadores era la búsqueda de una congregación de religiosas que asumieran la gestión de la futura residencia. El padre Mier-Terán contactó incluso con la madre Teresa de Calcuta en 1989, pero no pudo ser posible que aceptasen la invitación. Por fin, en el año 1991  contacta con las Hermanas Josefinas de la Caridad de Vic.

El 27 de julio de 1992 llegan a Sevilla la madre Alcina, Superiora General, y Eugenia, su secretaria. Llegan a continuación Madre Oliva, sor Mireya y sor Tarsicia. Algo más tarde, llegan sor Aurora, sor Gloria y sor Violeta. Todas son acogidas en una Eucaristía de acción de gracias.

El 28 de agosto queda instalada la comunidad. El 2 de noviembre de 1992 los doctores don Antonio Vizcaíno y don Pedro Lázaro Amador comienzan los reconocimientos médicos de los primeros candidatos a la residencia. Vizcaíno, Lázaro y José María Mier-Terán se entendían muy bien.

Hay una serie de acontecimientos relevantes en junio de 1993: se celebra en Sevilla el Congreso Eucarístico coincidiendo con la venida del papa Juan Pablo II a la ciudad. El señor Arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, desea que sea el papa quien inaugure la residencia. Lo propone a la Junta del Congreso y esta lo acepta. La visita del papa a San Rafael supone el espaldarazo necesario.

En el año 2001 José María Mier-Terán tiene ya 83 años y sufre una hemorragia cerebral que terminó con su vida cinco días más tarde, el 28 de marzo de 2001. Desde esos años, la dirección de la residencia se puso en manos de las hermanas josefinas de la Caridad, congregación religiosa nacida en Cataluña en el siglo XIX y cuyo carisma consiste en la atención a los enfermos y a las personas mayores en situación de precariedad y exclusión social. Sobre ellas recae la responsabilidad del trabajo diario en coordinación con la Compañía de Jesús.

 

La visita del papa Juan Pablo II en 1993

Especialmente emotiva para los residentes debió ser la visita del papa Juan Pablo II a Dos Hermanas. La Residencia de Mayores San Rafael recibió el espaldarazo definitivo con la bendición de la misma hecha por Su Santidad el Papa Juan Pablo II, en su visita a Sevilla en el año 1993. Esta visita hecha por la máxima autoridad de la Iglesia Católica hizo visible la directa intencionalidad cristiana existente en la inspiración y en la puesta en marcha del proyecto: ayudar desde la caridad evangélica y de forma totalmente digna y respetuosa a personas de la tercera edad necesitadas de residencia, ayuda y atenciones.

El papa Juan Pablo II, en su visita a Sevilla en el año 1993, bendijo nuestra residencia. Así se hizo visible la directa intencionalidad cristiana en la inspiración y en la puesta en marcha del proyecto: ayudar desde la caridad evangélica y de forma totalmente digna y respetuosa a personas de la tercera edad necesitadas de residencia, ayuda y atenciones.